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Sexualidad en pareja

Es de lo que más cuesta hablar, incluso con la persona con la que se tiene. Muchas parejas llevan años con el tema encima de la mesa sin llegar a abrirlo, y cada mes que pasa cuesta un poco más.

Si habéis llegado hasta aquí, probablemente ya hayáis intentado sacarlo alguna vez y haya acabado mal, o en silencio. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y esto se trabaja desde la pareja, no desde quién tiene el problema.

Lo que más veo: deseos distintos

No es que uno quiera y el otro no. Es que uno acaba sintiendo que siempre pide y el otro que siempre tiene que rechazar, y los dos lo pasan mal.

Quien pide se siente poco deseado y empieza a pedir desde la inseguridad, lo cual lo hace menos apetecible. Quien rechaza se siente culpable y presionado, y la presión apaga aún más el deseo. Es un círculo, y se va cerrando solo.

Las diferencias de deseo entre dos personas son normales. Lo que hace daño no es la diferencia: es cómo se gestiona.

Puede que os suene

Casi nunca empieza en la cama

Cuando una pareja deja de tener relaciones, muchas veces lo que ha pasado está en otro sitio: en la distancia acumulada, en el cansancio, en discusiones sin cerrar, en haberse convertido en un equipo de logística.

El deseo necesita un mínimo de complicidad para aparecer, y es difícil tenerla con alguien con quien llevas meses sin hablar de nada que no sean horarios y recibos.

Por eso este trabajo rara vez va solo de sexo. Va de intimidad, y el sexo suele ser la última parte en recuperarse.

Cómo lo trabajamos en consulta

  1. Poder nombrarlo. Un sitio donde se pueda hablar de esto sin que acabe en reproche ni en silencio incómodo. Para muchas parejas esto solo ya es un cambio.
  2. Quitar la presión. Mientras el sexo sea una obligación o una prueba, el deseo no va a volver. Antes hay que bajar esa exigencia.
  3. Mirar qué hay alrededor. Cómo estáis fuera de la cama, qué se ha acumulado y cuánta complicidad queda.
  4. Hablar de lo que cada uno quiere. Lo que gusta, lo que no, lo que da vergüenza pedir. Sin que nadie tenga que justificarse.
  5. Recuperar el contacto físico. Empezando por el que no busca llevar a nada: abrazos, caricias, dormir cerca. Suele ser el primero que se pierde y el que más falta hace para que lo demás vuelva.

Hasta dónde llega mi trabajo

Trabajo la parte relacional y emocional: la comunicación, el deseo, la presión, las expectativas y lo que la pareja arrastra.

Si en algún momento aparece algo que necesite valoración médica o de sexología especializada —dolor, cambios hormonales, efectos de una medicación, o una dificultad concreta que requiera otro tipo de abordaje—, te lo digo con claridad y te oriento hacia quien corresponda. Eso no interrumpe el trabajo: suele ir en paralelo.

Dar el primer paso

La primera sesión sirve para que me contéis qué está pasando y empezar a ordenarlo.

Preguntas frecuentes

Me da mucha vergüenza hablar de esto. ¿Cómo se empieza? +

Se empieza por donde podáis, y la vergüenza es bienvenida en la sesión: también se puede hablar de ella. Nadie tiene que contar nada para lo que no esté preparado, ni el primer día ni nunca.

¿Es normal que con los años baje el deseo? +

Que cambie, sí. El deseo del principio de una relación y el de diez años después no funcionan igual, y eso no significa que algo vaya mal. Lo que conviene mirar es si ha desaparecido del todo, si genera malestar o si se ha convertido en un tema prohibido.

¿Tenemos que venir los dos? +

Para trabajarlo como pareja, sí. Pero también puedes venir tú sola si lo que quieres es entender qué te pasa a ti, cómo te sientes con todo esto o cómo plantearlo en casa.

Si lo que hay detrás es distancia más que un tema sexual, échale un vistazo a recuperar la conexión en la pareja. Y si viene de una infidelidad, a cómo se trabaja eso.