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Terapia para el estrés y el agotamiento en Bilbao
Si has llegado hasta aquí, es probable que lleves meses funcionando con el piloto automático. Llegando al final del día sin nada en el depósito, durmiendo sin descansar, con la sensación de que por mucho que hagas nunca es suficiente.
El estrés sostenido casi nunca se trata a tiempo, porque mientras puedes con todo no parece un problema. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y la mayoría de personas que llegan por este motivo lo hacen cuando ya no pueden más, no cuando empezó.
El estrés no es el problema. Que no se apague, sí
El estrés es una respuesta normal y útil: te activa para responder a algo que importa. El problema aparece cuando esa activación deja de bajar nunca.
Un cuerpo que lleva meses en alerta se desgasta. Y una cabeza que lleva meses anticipando, organizando y resolviendo acaba sin margen para nada más. No es debilidad: es agotamiento de un sistema que no está hecho para funcionar así de forma continua.
Señales de que ya no es solo una mala racha
- Terminas el día agotada y aun así no consigues desconectar
- Duermes las horas suficientes y te levantas igual de cansada
- Te irritas por cosas que antes no te afectaban
- Sientes que no llegas a todo y que le estás fallando a alguien
- Te cuesta parar sin sentirte culpable
- Lo notas en el cuerpo: contracturas, dolor de cabeza, digestiones, mandíbula
- Has dejado de hacer cosas que te gustaban porque «no da tiempo»
- Tienes la cabeza en modo lista de tareas incluso en la cama
Dormir no arregla este cansancio
Es una de las cosas que más desconcierta: dormir ocho horas y seguir rota. Ocurre porque no es un cansancio de sueño, es un cansancio de sostener. De llevar meses tirando de una exigencia que no afloja.
Por eso las vacaciones alivian unos días y al volver está todo igual. Si lo que genera el desgaste sigue intacto, el descanso solo compra tiempo.
De dónde viene
Rara vez es solo la carga de trabajo. Debajo suele haber algo más personal:
- Una exigencia muy alta contigo misma, de esas que no se negocian
- Dificultad para delegar, porque si lo haces tú sabes que sale bien
- Miedo a decepcionar, que hace que digas que sí casi siempre
- Límites poco claros entre el trabajo y el resto de tu vida
- Cargar con lo que no te toca: lo doméstico, lo emocional, lo de los demás
Esto explica por qué dos personas con el mismo trabajo acaban una agotada y la otra no. No depende solo de cuánto hay que hacer, sino de cuánto te lo echas encima.
Cómo lo trabajamos en consulta
- Bajar el nivel primero. Desde el agotamiento no se piensa con claridad ni se toman buenas decisiones. Empezamos con recursos para que el cuerpo deje de vivir en alerta.
- Ver qué lo está sosteniendo. Qué parte es carga real y qué parte es exigencia tuya. Esta distinción suele ser reveladora.
- Trabajar los límites. Decir que no, pedir ayuda, soltar cosas. Es la parte incómoda y es la que de verdad cambia las cosas.
- Recuperar lo que habías dejado. Descanso, aficiones, gente. No como premio por haber cumplido, sino como parte de sostenerte.
- Prevenir la recaída. Reconocer las señales tempranas para no volver a llegar al límite sin darte cuenta.
Dar el primer paso
La primera sesión sirve para contarme qué te está pasando y empezar a ordenarlo.
Preguntas frecuentes
El burnout es un desgaste ligado concretamente al trabajo, con agotamiento, distancia emocional y sensación de ineficacia. Muchas personas llegan con algo parecido pero que viene de varios sitios a la vez: trabajo, casa, cuidados. En la primera sesión miramos de dónde viene el tuyo.
No necesariamente, y desde luego no es una decisión que yo vaya a tomar por ti. Muchas veces lo que cambia no es el trabajo, sino la relación que tienes con él y los límites que pones. Si al final la decisión es cambiar, la tomarás tú y con la cabeza más clara.
Ayudan, y mucho, pero actúan sobre el síntoma. Si lo que te agota es la exigencia, la dificultad para delegar o la imposibilidad de decir que no, eso sigue ahí después de correr. El ejercicio te da aire; el trabajo en consulta va a lo que consume ese aire.
Sí, y es muy habitual: tensión muscular, dolor de cabeza, problemas digestivos, alteraciones del sueño. Dicho esto, cualquier síntoma físico conviene consultarlo también con tu médico o médica para descartar otras causas. Lo uno no sustituye a lo otro.
El estrés sostenido rara vez viene solo. Si además te reconoces en la ansiedad o en cómo te hablas a ti misma, échale un vistazo a la terapia para la ansiedad y a la terapia para la autoestima.