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Móvil, redes y videojuegos en la adolescencia
Broncas diarias por las horas de pantalla. Reacciones desproporcionadas cuando se lo quitáis. Madrugadas conectado. Y la sensación de que habéis perdido el control de algo que no sabéis ni cómo se gestiona.
Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y lo primero que suelo decir a las familias es esto: el móvil rara vez es el problema. Casi siempre es el síntoma.
Qué está tapando la pantalla
Cuando un adolescente pasa casi todo su tiempo libre conectado, merece la pena preguntarse de qué le está librando eso.
- Ansiedad social: ahí se relaciona sin tener que enfrentarse a la cara del otro
- Soledad: a veces su único grupo existe en una pantalla
- Malestar que no sabe nombrar: y el móvil lo anestesia bastante bien
- Aburrimiento no tolerado: no ha aprendido a estar sin estímulo
- Un sitio donde sí es bueno en algo, cuando fuera siente que no
Por eso quitar el móvil sin más casi nunca funciona: le quitas la tirita y el corte sigue ahí, además enfadado contigo.
Puede que os suene
- Discutís a diario por el mismo tema
- Reacciona muy fuerte cuando le retiráis el dispositivo
- Duerme poco por estar conectado de madrugada
- Ha dejado de quedar con gente en persona
- Ha abandonado deportes o aficiones que le gustaban
- Come mirando la pantalla y no participa en casa
- Miente sobre cuánto tiempo pasa conectado
- Os preocupan los contenidos o las personas con las que habla
Cuándo es uso intenso y cuándo es un problema
Que use mucho el móvil no basta para hablar de un problema: a su edad es donde está su vida social, y eso ha cambiado respecto a vuestra generación.
La señal de alarma no son las horas, es qué ha desaparecido por el camino: si ha dejado de dormir, de ver gente, de comer con vosotros o de hacer lo que le gustaba, ahí sí hay algo que mirar. Y si al no poder conectarse aparece una angustia desproporcionada, también.
Cómo lo trabajo en consulta
- Entender para qué le sirve. Esto se habla con él, no sobre él, y suele dar la clave de todo lo demás.
- Buscar alternativas reales. No «sal más»: cosas concretas que le compensen de verdad y que estén a su alcance.
- Trabajar lo de debajo. Si hay ansiedad social, soledad o malestar, eso es lo que de verdad hay que tratar.
- Normas que se puedan sostener. Con vosotros: pocas, claras y que podáis mantener sin una guerra diaria.
- Recuperar la conversación. Que el móvil deje de ser el único tema del que habláis en casa.
Desde la comprensión, no desde la prohibición
No porque prohibir esté mal: los límites hacen falta y son vuestra responsabilidad. Sino porque un límite sin entender qué hay detrás solo desplaza el problema, y además os convierte en el enemigo justo cuando más os necesita cerca.
Dar el primer paso
La primera cita es con vosotros, para contarme qué está pasando y ver por dónde empezar.
Preguntas frecuentes
No hay un número que valga para todos, y desconfía de quien te lo dé. Es más útil mirar qué ha desplazado: el sueño, los amigos en persona, las comidas en familia, las aficiones. Si nada de eso se ha resentido, probablemente el uso sea alto pero no problemático.
Retirarlo de golpe y por tiempo indefinido suele provocar una escalada y poco más. Funcionan mejor los límites pactados, estables y que podáis sostener, junto con el trabajo sobre lo que haya debajo.
Es una palabra que se usa con mucha ligereza. Hay casos que requieren un abordaje serio y otros que son un uso intenso propio de la edad. En la primera cita distinguimos de qué estamos hablando antes de ponerle ninguna etiqueta.
No necesariamente, y a veces es al revés. En los juegos suele haber relación con amigos y una sensación de logro; en las redes hay más comparación, que es lo que más daña la autoestima. Depende mucho de qué hace, con quién y qué le está aportando.
Si detrás hay comparación constante y mala imagen de sí mismo, échale un vistazo a identidad y autoestima. Y si el aislamiento viene de problemas con el grupo, a el bullying.