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Bullying: apoyo psicológico en Bilbao

Puede que no os haya contado nada. Que lo hayáis atado vosotros: los domingos con dolor de barriga, las excusas para no ir, el móvil que ya no suena, la ropa que vuelve rota y una explicación que no encaja.

Un adolescente que sufre bullying casi nunca lo dice a la primera. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y acompaño tanto al chaval como a la familia en esta situación.

Por qué no lo cuentan

Es la pregunta que más duele a los padres, y tiene respuestas bastante concretas.

Callan por vergüenza, porque creen que si les pasa es que algo tienen. Por miedo a que vaya a peor, que es lo que suelen amenazarles. Y por proteger a sus padres: no quieren veros sufrir ni que montéis un lío en el instituto que luego pagarán ellos.

Que no lo cuente no significa que no quiera ayuda. Significa que no ha encontrado una forma segura de pedirla.

Señales que conviene no dejar pasar

El bullying ya no termina al salir de clase

Esta es la diferencia grande con hace veinte años. Antes, al llegar a casa se acababa. Ahora sigue en los grupos, en las historias, en los mensajes que se ven y en los que se dejan de ver.

Por eso quitarle el móvil no suele ser la solución: ahí está también su vida social, y dejarle sin ella puede aislarle todavía más. Lo que hace falta es otra cosa, y es parte de lo que se trabaja.

Qué se trabaja con el adolescente

  1. Quitarle la culpa. Casi todos llegan convencidos de que algo han hecho para merecerlo. Esto es lo primero y lo más importante.
  2. Recuperar la autoestima. Meses de acoso dejan una idea de uno mismo muy dañada, y eso no se arregla solo porque el acoso pare.
  3. Manejar el miedo y la ansiedad. Para poder volver a clase sin que el cuerpo se dispare.
  4. Habilidades concretas. Cómo responder, a quién acudir, cómo no quedarse solo en los momentos de riesgo.
  5. Reconstruir lo social. Volver a tener gente alrededor, que es lo que de verdad protege.

Qué se trabaja con vosotros

Cómo preguntar sin interrogar, cómo sostener la rabia que da esto sin descargarla delante de él, y cómo plantear la situación en el centro escolar.

Esto último importa: el instituto tiene la obligación de actuar y existe un protocolo para ello. Cómo y cuándo se activa, y cómo acompañarlo sin que vuestro hijo o hija sienta que pierde el control de su propia situación, es parte del trabajo.

Dar el primer paso

La primera cita es con vosotros, para contarme qué está pasando y ver por dónde empezar.

Preguntas frecuentes

Sospecho pero no estoy segura. ¿Puedo venir igualmente? +

Sí, y es mejor venir con la duda que esperar a tener pruebas. En la primera cita repasamos qué habéis observado y desde cuándo, y de ahí suele salir bastante claridad sobre qué está ocurriendo y qué conviene hacer.

¿Hablo con el instituto o espero? +

Depende del caso y del momento, y es una de las cosas que se decide en consulta. Lo que casi nunca funciona es hacerlo sin contar con vuestro hijo o hija: si siente que le habéis pasado por encima, deja de contaros cosas, y eso es lo último que conviene.

Ya no sufre acoso, pero sigue mal. ¿Es normal? +

Completamente. Que pare el acoso no borra lo vivido: queda la desconfianza, la idea de que algo falla en uno mismo y a veces miedo a relacionarse. Esa parte se trabaja después, y es tan importante como frenar la situación.

¿Y si quien acosa es mi hijo? +

También se trabaja, y hace falta valor para pedir ayuda con eso. Detrás suele haber algo que entender, aunque nada lo justifique. Se aborda sin dramatizar y sin quitarle importancia.

Si lo que ha quedado dañado es sobre todo cómo se ve a sí mismo, échale un vistazo a identidad y autoestima en la adolescencia. Y aquí está todo lo que trabajo con adolescentes.