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Explosiones de enfado en la adolescencia

Pasa de cero a cien en segundos. Un «no» cualquiera acaba en portazo, en gritos o en algo roto. Y después viene la calma, a veces la disculpa, y en casa todos andando de puntillas hasta la siguiente.

Tolerar un no, perder, esperar o aburrirse son habilidades que se aprenden, y mientras no se aprenden la convivencia en casa se vuelve agotadora para todos. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y esto llega a consulta más de lo que parece.

No es que no quiera controlarse

Lo primero que conviene entender es que, en el momento del estallido, no hay mucho con lo que razonar. La activación sube tan rápido que la parte de la cabeza que piensa queda fuera de juego durante unos minutos.

Por eso explicarle las cosas mientras grita no funciona, y por eso después él mismo no sabe explicar qué ha pasado. No es una excusa: es el motivo por el que el trabajo tiene que hacerse antes y después del estallido, no durante.

Puede que os suene

Por qué en casa sí y fuera no

Es la pregunta que más desconcierta, y la respuesta es más tranquilizadora de lo que parece: suelta en casa porque en casa se siente seguro. Lleva todo el día conteniéndose en el instituto y con los amigos, y al llegar se le acaba el depósito.

Eso no significa que haya que aguantarlo. Significa que no es contra vosotros, aunque lo parezca.

Cómo lo trabajo

  1. Reconocer la señal antes del incendio. La mandíbula, el calor, el tono de voz. Ahí todavía se puede hacer algo, y eso se entrena.
  2. Tener un plan para ese momento. Qué hacer cuando nota la subida: salir, respirar, posponer. Acordado antes y en frío.
  3. Entender el enfado. Casi siempre avisa de algo: un límite pisado, una injusticia, un no que duele. El enfado no es el problema; lo es cómo sale.
  4. Trabajar con vosotros. Porque la forma en que responde el adulto es parte de cómo aprende a regularse. Esto es tan importante como lo anterior.
  5. Reparar después. Qué se hace cuando ya ha pasado, que es donde de verdad se aprende.

Lo que hacéis vosotros importa, y mucho

No lo digo para culparos: lo digo porque es la palanca más potente que hay. Si cuando él sube, vosotros subís, el sistema entero se dispara. Si uno de los dos lados puede quedarse abajo, el episodio dura la mitad.

Eso no se consigue a base de paciencia infinita, que no existe. Se consigue con herramientas concretas, y se trabajan en consulta.

Dar el primer paso

La primera cita es con vosotros, para contarme qué está pasando y ver por dónde empezar.

Preguntas frecuentes

¿Esto es carácter o es un problema? +

Hay temperamentos más intensos, eso existe. Pero intensidad y falta de herramientas no son lo mismo: se puede tener mucho genio y saber gestionarlo. Lo que se trabaja no es volverle otra persona, es darle recursos que ahora no tiene.

¿Hay que castigar cada explosión? +

Los castigos acumulados que nadie puede sostener suelen empeorar la cosa. Funcionan mejor pocas consecuencias, claras, conocidas de antemano y aplicadas en frío. Esto se concreta con vosotros, porque depende mucho de cada casa.

Rompe cosas. ¿Hasta dónde es normal? +

Romper objetos en un estallido puntual es más frecuente de lo que se cuenta. Otra cosa distinta es que haya agresión hacia personas o que en casa tengáis miedo: si estáis en ese punto, decidlo en la primera cita sin rodeos, porque cambia el enfoque.

¿Tenemos que ir los dos progenitores? +

Es muy recomendable, porque si cada uno responde de forma distinta el adolescente aprende a moverse entre los dos y nada cambia. Si no es posible, se trabaja con quien pueda venir.

Si además las conversaciones en casa se han vuelto imposibles, échale un vistazo a la comunicación familiar. Y aquí está todo lo que trabajo con adolescentes.