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Cuando en casa ya solo se discute

«Nada». «Déjame». La puerta cerrada. Las únicas conversaciones que quedan son por las normas, las notas o los horarios, y todas acaban mal. Y vosotros echáis de menos a alguien que sigue viviendo en vuestra casa.

Que un adolescente se cierre no significa que la relación esté rota. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y casi siempre significa que hay que cambiar la forma, no el fondo.

Por qué se cierran

A esta edad necesitan separarse de vosotros para construir quién son. No es un rechazo personal, aunque se viva así: es el trabajo que les toca.

El problema aparece cuando a eso se le suma algo más: que cada conversación que tenéis sea una evaluación. Si al llegar a casa lo primero son las notas, el cuarto y la hora a la que volvió, acaba aprendiendo que hablar con vosotros sale caro. Y deja de hacerlo.

Puede que os suene

La trampa de preguntar más

Cuanto menos cuenta, más preguntáis. Y cuanto más preguntáis, menos cuenta. Es un círculo que se cierra solo y en el que todos acabáis frustrados.

Lo que suele desbloquearlo no es preguntar mejor: es crear ratos sin interrogatorio. Momentos compartidos donde no se evalúa nada. En el coche, cocinando, viendo algo juntos. Ahí es donde los adolescentes sueltan las cosas, de lado y sin mirarse a la cara.

Cómo lo trabajo

  1. Sesiones con él y sesiones con vosotros. Y alguna conjunta cuando tenga sentido, nunca para montar un juicio.
  2. Separar normas de relación. Las normas hacen falta, pero no pueden ocupar todo el espacio que tenéis juntos.
  3. Revisar los castigos. Pocos, claros y que podáis sostener. Los que se acumulan dejan de significar nada.
  4. Deshacer los papeles. El bueno y el malo, el que negocia y el que prohíbe. Eso os enfrenta a vosotros y le enseña a él a moverse en medio.
  5. Recuperar momentos sin agenda. Que la relación no dependa de que todo vaya bien.

No es terapia familiar

Quiero ser clara con esto: no hago terapia familiar como tal. Lo que hago es terapia con adolescentes, y en ese marco trabajo con los padres, porque sin vosotros no funciona.

Si lo que necesitáis es un abordaje de toda la familia como sistema, te lo diré y te orientaré hacia profesionales especializados en ello.

Dar el primer paso

La primera cita es con vosotros, para contarme qué está pasando y ver por dónde empezar.

Preguntas frecuentes

¿Esto es normal a su edad o nos hemos equivocado en algo? +

Que se separe y quiera su espacio es normal y sano. Que en casa ya no quede nada más que conflicto, no tanto, y suele tener arreglo. Lo segundo no significa que lo hayáis hecho mal: significa que lo que funcionaba cuando tenía ocho años ya no sirve con quince.

¿Le leo el móvil? +

Depende de la edad y de si hay una preocupación seria por su seguridad. Lo que sí conviene saber es el coste: si se entera y no había un motivo grave, la confianza tarda mucho en volver. Es una decisión que merece pensarse antes, no en caliente.

Uno de los dos es mucho más duro. ¿Eso importa? +

Mucho. No porque uno tenga razón y el otro no, sino porque un adolescente que detecta una grieta se mete por ella, y además os acaba enfrentando a vosotros. Ponerse de acuerdo en lo básico cambia la convivencia más que cualquier norma nueva.

¿Y si él no quiere venir? +

Podéis venir vosotros. En comunicación es donde más se nota: cambiando cómo preguntáis, cómo respondéis y qué espacio dejáis, la dinámica en casa se mueve aunque él no pise la consulta.

Si además hay explosiones de enfado, échale un vistazo a la gestión de la frustración. Y si la tensión os está pasando factura como pareja, a la terapia de pareja.