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Inicio › Terapia de pareja › Conflictos repetidos

Discusiones que se repiten siempre igual

Cambia la excusa —la casa, el dinero, su familia, el móvil— y la discusión es exactamente la misma. Sabéis cómo va a empezar, sabéis lo que va a decir cada uno y sabéis cómo va a acabar. Y aun así vuelve a pasar.

Cuando una pareja discute siempre lo mismo, lo de menos es sobre qué discute. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y esto es de lo más frecuente que llega a consulta.

Casi nunca se discute por lo que parece

Las parejas que discuten por lo mismo durante años no es que no sepan repartir las tareas. Si fuera eso, se resolvería con un papel en la nevera.

Lo que se discute realmente está debajo: quién cuida de quién, quién se siente solo, a quién se le tiene en cuenta. Por eso los acuerdos no aguantan: resolvéis el reparto y a las dos semanas la misma pelea vuelve con otro disfraz.

Puede que os suene

Por qué los acuerdos no aguantan

Seguramente lo habéis intentado: hablarlo con calma, repartir, poner normas. Y funciona unos días.

No aguanta porque un acuerdo resuelve el contenido, pero no el malestar que hay debajo. Si lo que de verdad duele es sentir que no se te tiene en cuenta, puedes repartir las tareas perfectamente y seguir sintiendo exactamente lo mismo. El acuerdo tapa el síntoma y el problema sigue buscando por dónde salir.

Casi nunca hay un culpable

Es lo que más cuesta de ver desde dentro, porque cada uno tiene su versión y las dos son razonables.

Lo que suele haber es un círculo: uno hace algo, el otro reacciona, y esa reacción provoca justo lo que el primero temía. Ninguno lo empezó. Los dos lo mantienen sin querer.

Entender eso quita mucha presión, porque deja de tratarse de quién tiene razón y pasa a tratarse de cómo salimos los dos de aquí.

Cómo lo trabajamos en consulta

  1. Dibujar el círculo. Qué hace uno, cómo responde el otro y en qué momento exacto se dispara. Verlo escrito suele ser revelador.
  2. Encontrar de qué va de verdad. Qué está pidiendo cada uno debajo del reproche, que casi nunca es lo que se está diciendo en voz alta.
  3. Buscar dónde se puede romper. Siempre hay un punto en el que uno de los dos puede hacer algo distinto, y no hace falta que lo hagan los dos a la vez.
  4. Practicarlo. Primero en sesión, donde se puede parar, y después en casa.
  5. Revisar lo que pase. Porque las primeras veces sale regular, y eso también forma parte.

Dar el primer paso

La primera sesión sirve para que me contéis qué está pasando y empezar a ordenarlo.

Preguntas frecuentes

Llevamos años así. ¿No es demasiado tarde? +

Tarde sería si ya no quedara interés en intentarlo. Que llevéis años no impide el cambio: lo que hace es que el patrón esté más automatizado, y por eso al principio cuesta más darse cuenta de que está ocurriendo. Pero una vez lo veis, se ve siempre.

¿Y si el que discute es siempre el mismo? +

Pocas veces es tan sencillo. Callar también es una forma de participar en la discusión, y a veces la que más enciende a la otra persona. Eso no reparte culpas: solo significa que los dos tenéis algo que mover.

¿Esto se arregla aprendiendo a discutir mejor? +

Ayuda, pero no basta. Si solo cambiáis las formas y no se toca lo que hay debajo, acabáis discutiendo lo mismo con mejores modales. Hay que mirar las dos cosas.

Si lo que más os pesa es cómo habláis más que lo que discutís, échale un vistazo a la comunicación en pareja. Y si las discusiones han dado paso al silencio, a recuperar la conexión.