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Recuperar la conexión en la pareja
No hay crisis. No hay gritos. No ha pasado nada que se pueda señalar. Simplemente, en algún momento os convertisteis en dos personas que gestionan una casa, y ya no sabéis cuándo fue.
Muchas parejas llegan así: bien por fuera y vacías por dentro. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y este es uno de los motivos que más cuesta traer a consulta, precisamente porque no hay nada concreto que contar.
Lo que nadie cuenta de esto
Cuando hay una pelea gorda o una infidelidad, está claro que algo va mal y se actúa. Cuando lo que hay es distancia, no hay un día en que todo cambie: hay meses en los que todo sigue igual y un poco peor.
Por eso se aguanta tanto tiempo. No hay nada lo bastante grave como para hacer algo, y a la vez nada está bien. Y mientras, la distancia se instala.
Puede que os suene
- Convivís como compañeros de piso
- Solo habláis de logística: hijos, recibos, horarios, quién recoge qué
- Echáis de menos cómo erais antes
- Hay poco contacto físico, también del que no lleva a nada
- Cada uno con su móvil en el sofá y eso ya es la noche
- No os contáis las cosas pequeñas del día
- Os sentís solos estando juntos
- Pensáis «esto es lo que hay» y os da pena pensarlo
Que no haya conflicto no significa que esté bien
Es un error bastante común: dar por hecho que si no discutís, la cosa va bien.
Pero el contrario del amor no es el conflicto: es la indiferencia. Hay parejas que discuten mucho y están muy enganchadas, y parejas que no discuten nada porque ya han dejado de esperar algo del otro.
Si habéis dejado de pelear porque habéis dejado de intentarlo, eso merece atención.
La intimidad emocional es lo que sostiene el resto
Antes que el sexo, antes que los planes y antes que la convivencia está otra cosa: saber qué le preocupa al otro esta semana. Qué le ilusiona. Qué le da miedo.
Eso es lo primero que se pierde cuando la vida se llena de tareas, y es también lo último en lo que se piensa cuando algo no va bien. Normalmente no se pierde por falta de cariño: se pierde por falta de tiempo y de atención, que son cosas que se pueden recuperar.
Cómo lo trabajamos en consulta
- Ponerle nombre. Que los dos podáis decir en voz alta que os sentís lejos, sin que suene a reproche ni a amenaza.
- Averiguar cuándo empezó. Casi siempre hay un momento: un embarazo, un cambio de trabajo, una mudanza, una temporada dura. No para culpar a nada, sino para entender.
- Recuperar la curiosidad. Volver a preguntar y volver a escuchar. Suena simple y es lo que más cuesta después de años.
- Hacer sitio en la agenda. La conexión no vuelve sola en los ratos que sobran, porque no sobra ninguno. Hay que decidirla.
- Sostenerlo. Que no sea un mes bueno y volver a lo mismo, que es lo que suele pasar cuando se intenta sin ayuda.
Dar el primer paso
La primera sesión sirve para que me contéis qué está pasando y empezar a ordenarlo.
Preguntas frecuentes
Al contrario: venir cuando todavía hay ganas es la mejor situación posible. Lo difícil es cuando se llega después de años de distancia y ya casi no queda nada que recuperar. Que no haya una crisis no significa que no haya algo que trabajar.
Lo del principio no, y tampoco sería deseable: aquello se sostenía sobre la novedad. Lo que sí se puede recuperar es la complicidad, las ganas de contarse cosas y el gusto por estar juntos, que es lo que de verdad echáis de menos aunque lo llaméis de otra manera.
Es bastante frecuente que uno lo note antes. No significa que estés exagerando, ni que la otra persona esté mintiendo: a veces simplemente tenéis necesidades distintas de cercanía. Eso también se puede hablar, y es mejor hacerlo ahora que dentro de cinco años.
Si la distancia se nota sobre todo en lo sexual, échale un vistazo a la sexualidad en pareja. Y si además hay discusiones que se repiten, a los conflictos repetidos.