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Superar una infidelidad
Si estás leyendo esto, probablemente lleves días o meses dándole vueltas a lo mismo. Preguntando una y otra vez lo mismo sin que ninguna respuesta te calme. O callando porque no sabes por dónde empezar.
Una infidelidad rompe algo muy concreto: la certeza de que lo que creías saber sobre tu vida era cierto. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y acompaño a parejas en este momento, decidan lo que decidan después.
Primero: no hay que decidir hoy
La presión por decidir ya hace mucho daño, y llega por todos lados: de la familia, de las amigas y, sobre todo, de una misma.
No tienes que decidirlo ahora. Las primeras semanas uno no está en condiciones de tomar una decisión de ese calibre: hay demasiada rabia, demasiado miedo y demasiado ruido. Lo primero es bajar la intensidad lo suficiente como para poder pensar.
Lo que suele estar pasando
- Necesitas saberlo todo y a la vez preferirías no saber nada
- Repetís las mismas preguntas sin que ninguna respuesta sirva
- Revisas el móvil, las cuentas, los horarios, y eso te consume
- Hay momentos de normalidad y de pronto vuelve todo de golpe
- Quien fue infiel siente que ya ha pedido perdón suficiente
- Quien lo descubrió siente que nunca es suficiente
- Habéis perdonado de boca pero no por dentro
- No sabéis si lo que queda es amor o costumbre
Por qué preguntar más no calma
Es de las cosas que más desconciertan. Preguntas los detalles pensando que saber te va a dar paz, y cada respuesta abre tres preguntas nuevas.
Ocurre porque lo que buscas no es información: es seguridad, y los detalles no la devuelven. En consulta se trabaja sobre qué necesitas entender de verdad, que casi nunca coincide con lo que la cabeza te pide preguntar a las tres de la mañana.
Las dos decisiones, que son distintas
Mucha gente las mezcla y por eso se atasca.
La primera es si seguir. No se toma con la cabeza caliente ni por lo que digan los demás, y nadie puede tomarla por vosotros.
La segunda, solo si decidís seguir, es cómo reconstruir. Y eso es un trabajo largo, que no consiste en pasar página y no volver a hablar del tema. Consiste en entender cómo se llegó hasta ahí y en construir algo distinto, no en volver a lo de antes.
Cómo lo trabajamos en consulta
- Bajar la intensidad. Poner unas mínimas reglas para que las conversaciones en casa no sean una tortura diaria. Sin esto no se puede hacer nada más.
- Entender qué pasó. No como juicio ni para repartir culpas, sino para entender en qué estado estaba la relación y qué papel jugó cada uno. Entender no es justificar.
- Trabajar lo que duele. La rabia, la vergüenza, la humillación, la culpa. Todo eso necesita un sitio o sale por donde no debe.
- Decidir con la cabeza clara. Cuando ya se puede pensar, y no antes.
- Reconstruir o cerrar bien. Si seguís, trabajar la confianza con hechos y tiempo. Si no, separaros sin destruiros.
Dar el primer paso
La primera sesión sirve para que me contéis qué está pasando y empezar a ordenarlo.
Preguntas frecuentes
Hay parejas que lo consiguen y parejas que no, y no se sabe al principio. Lo que sí se sabe es que la confianza no vuelve pidiendo perdón: vuelve con tiempo y con hechos sostenidos. Y que no vuelve igual que antes, porque la relación ya no es la misma.
Sí. Hay quien viene en pareja y quien viene por su cuenta a ordenarse antes de decidir nada. Las dos cosas son válidas, y no hace falta que la otra persona esté de acuerdo para que tú te cuides.
No. Ni eso ni lo contrario. Hay quien decide seguir y construye una relación mejor que la que tenía, y hay quien decide terminar. Mi trabajo es que puedas decidirlo tú, con la cabeza clara y sin que te decida el cansancio.
Si lo que más te cuesta es cómo habláis de esto en casa, échale un vistazo a la comunicación en pareja. Y si la decisión es separaros, a rupturas y separaciones.