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Terapia para la gestión emocional en Bilbao

Si has llegado hasta aquí, probablemente te pase una de estas dos cosas: que las emociones te desborden y acabes diciendo o haciendo cosas de las que luego te arrepientes, o que las tengas tan apagadas que ni sepas qué sientes.

Las dos cosas cansan muchísimo, y las dos se pueden trabajar. Soy Maitane Llanos, psicóloga sanitaria en Bilbao, y gestionar emociones no es algo con lo que se nace: es una habilidad, y como toda habilidad se entrena.

Qué es gestionar las emociones, y qué no

No es controlarlas ni dejar de sentirlas. Esa idea, además de imposible, es el origen de buena parte del problema: cuanto más intentas no sentir algo, más fuerte vuelve.

Gestionar es reconocer lo que sientes, entender para qué está ahí y decidir qué haces con ello. La emoción sigue apareciendo; lo que cambia es que deja de decidir por ti.

Las dos formas de llevarse mal con las emociones

Desbordarse

La emoción llega a cien y arrasa con todo. Explotas por algo pequeño, dices lo que no querías decir, y después llega la culpa y la vergüenza. Normalmente no es por lo que ha pasado en ese momento, sino por todo lo que se había ido acumulando antes.

Apagarse

Lo contrario, y mucho menos reconocido: no sentir casi nada. Funcionas, cumples, resuelves, y por dentro hay una especie de anestesia. Suele venir de haber aprendido que sentir era peligroso o molesto, así que el sistema se bajó el volumen.

Mucha gente alterna las dos: meses conteniendo y un día reventando.

Puede que te suene

De dónde viene

Casi siempre de lo que aprendiste de pequeña sobre qué se podía sentir y qué no:

Nada de esto es culpa tuya, y tampoco necesariamente de nadie: muchas veces se hereda de generación en generación sin mala intención.

Cómo lo trabajamos en consulta

  1. Reconocerlas antes del incendio. Identificar la señal temprana, que casi siempre es física: la mandíbula, el pecho, el estómago. Ahí todavía se puede hacer algo.
  2. Entender para qué están. Todas sirven para algo. El enfado señala un límite pisado, la tristeza una pérdida, el miedo una amenaza hacia algo que importa. Cuando entiendes el mensaje, baja la intensidad.
  3. Aprender a regularlas. Ni reprimirlas ni descargarlas sobre quien no toca. Hay un punto intermedio y se entrena.
  4. Expresarlas de forma que sirva. Decir lo que te pasa sin que acabe en pelea ni en silencio.
  5. Practicar fuera. Esto no se aprende entendiéndolo en consulta: se aprende probándolo en tu vida y revisando después qué tal fue.

Dar el primer paso

La primera sesión sirve para contarme qué te está pasando y empezar a ordenarlo.

Preguntas frecuentes

¿Voy a dejar de enfadarme o de estar triste? +

No, y no sería deseable. Las emociones son información útil: el enfado te avisa de que alguien ha pisado un límite y la tristeza de que algo te importaba. El objetivo no es apagarlas, es que no te dirijan ni te desborden.

No sé identificar lo que siento. ¿Eso se puede trabajar? +

Sí, y es más común de lo que parece. Se empieza por el cuerpo, que suele avisar antes que la cabeza, y poco a poco se van poniendo nombres. No hace falta llegar sabiendo: es justo parte de lo que se aprende.

Me dicen que soy demasiado intensa. ¿Tengo un problema? +

Sentir con intensidad no es un defecto ni un diagnóstico. Lo que puede hacerse difícil es lo que ocurre después: si te desborda, si daña tus relaciones o si te deja agotada. Sobre eso sí se puede trabajar, sin que tengas que volverte otra persona.

¿Cuánto se tarda en notar cambios? +

Depende de cada caso. Las primeras herramientas para no desbordarse suelen notarse pronto. Cambiar la relación de fondo con lo que sientes lleva más tiempo, porque hay que practicarlo en la vida real y no solo entenderlo.

Llevarse mal con las emociones suele ir de la mano de otras cosas. Si también te reconoces en cómo te hablas a ti misma o en vivir en tensión constante, échale un vistazo a la terapia para la autoestima y a la terapia para el estrés.